¡Sorpresa! Te encontré
- Linea Raya

- 18 may 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 21 abr 2022
Son las 8 a.m y tengo dos sacos encima. El bus esta frío e iluminado y voy tarde al trabajo, como siempre. Miro por la ventana del bus al horizonte sin un punto fijo, una frenada perturba mi estado, las puertas chillan, se abren y entra ella. No sé cuál habrá sido mi cara, pero si tocara explicarla, diría que es la misma de un niño al ver por primera vez los fuegos artificiales.
Reacciono rápido y cambio mi expresión, saco mi cuaderno y empiezo a reojear mis apuntes, sin quitarla de mi radar visual.
Sigue igual como la última vez que la vi, alternativa, enérgica, alegre y con su pelo corto y negro como el océano bajo la luz de la luna. «Dios, sigo sintiendo lo mismo que sentí la primera vez que la vi» me digo. Sin pensarlo se sienta a mi lado, no sé por qué, teniendo todo el bus libre, nunca lo entenderé, pero que bueno que lo hiciera.
Veo mis notas y pienso,
«¿Le hablo? ¿Y qué le digo?»
—Hola Ana ¿Cómo estás?, ella voltea asustada, evidentemente, me examina de arriba abajo, yo por el momento plasmo una sonrisa sutil. —¿Camilo?— ella me pregunta con una mirada dudosa.
(¡acertó!) — jaja sí— respondo y agacho la mirada.
—¡No lo puedo creer!— con una sonrisa de oreja a oreja, y los ojos abiertos que dejan ver el color miel de ellos, se abalanza con un abrazo y me menea de lado a lado.
—Pero, ¿Cómo?, no entiendo, ¿Qué haces acá?— deja de abrazarme y me mira fijo a los ojos.
— Me separé — sin pensarlo lanzo la bomba del no retorno.
Noto como su mirada cambia, y una sonrisa se asoma «Aún no olvido la primera vez que la vi, la luz tenue del bar hacia brillar sus grandes ojos ocultos bajo su sombrero, y yo en una esquina con cerveza en mano, me deleitaba con su andar»
—¿Para dónde vas?— me pregunta ella, con una sonrisa amable y una mirada cálida.
Como el ñoño que soy, le muestro mis apuntes del recorrido que tenia planeado para conocer la ciudad, me acerco a ella y le muestro los horarios, las obras y los transportes a tomar, noto que ella me mira con dulzura, «¿Qué pensara?» caigo en cuenta que hablo mucho y no escucho su voz, alzo la mirada y la miro, no puedo evitar mirar su boca.
—¿Qué?— le digo mientras la miro, su mirada cálida y tierna la acompaña con una pequeña sonrisa, me enderezo y me pongo nervioso —¿Qué?— vuelvo a preguntar, ella me mira fijamente, yo, como el pelele que soy, no se que hacer, «diré algo, tengo que decir algo» pienso, antes que pudiera decir algo el bus frena bruscamente y hace que choquemos nuestras cabezas (es lo más cerca que he estado de su cara, siento su aliento, siento su calor. La siento, en tan solo en un microsegundo) — perdóname, soy un torpe, discúlpame— saco de mi maleta una manzana roja que tengo y se lo pongo en la cabeza, ella pone su mano encima de la mía y sostiene la manzana en su cabeza mientras ríe, yo aún estoy nervioso y preocupado.
Ella voltea a mirar a los lados y se para, yo no entiendo, me dice —Cami, aquí me bajo, que gusto verte, no sabes lo feliz que fue volver a verte— el bus para y antes de dar el último paso me dice—¡Ey, cami! te debo una manzana— agitándola con su mano, me rio y ella se va.
Desconcertado me quedo mirando la nada —¿Qué acaba de pasar?— frunzo la frente sin entender que fue lo que paso. El bus vuelve a frenar bruscamente, el conductor grita:—última parada— me reincorporo y me doy cuenta de que estoy perdido, recojo mis cosas, las meto en mi maleta y me bajo del bus, sin tener la menor idea de donde estoy.
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